¿El olor del mar te recuerdan a las vacaciones de tu infancia o el olor de un perfume determinado a tu mamá o a tu primer amor?

Esto es porque el sentido del olfato es el sentido más potente y más evocador de nuestros cinco sentidos.

Nuestra memoria olfativa nos permite asociar un olor a un recuerdo, a una persona o a un momento específico.  Al oler este aroma de nuevo se vuelven a experimentar las emociones igual de  vívidas que la primera vez.

Los olores son procesados por el bulbo olfativo, que se sitúa al fondo de la nariz y la parte inferior del cerebro. El bulbo olfativo tiene conexiones directas con dos zonas del cerebro fuertemente implicadas con emociones y memorias: la amígdala y el hipocampo. Informaciones visuales, auditivas y táctiles no pasan por estas zonas. Por esto el olfato es tan exitoso en provocar emociones y memorias.

Los recuerdos olfativos quedan en la memoria por muchos años, mientras que los recuerdos visuales solo quedan por algunos meses. El ser humano puede acordarse de un olor con el 65% de exactitud en comparación con 50% para un recuerdo visual.

Nos acordamos del 5% de lo que oímos, 15% de lo que vemos y 35% de lo que olemos.

Un aroma determinado también puede generar sensaciones positivas. La mercadotecnia olfativa introduce una nueva dimensión para reforzar una marca. Por eso muchas marcas, tiendas y establecimientos como hoteles, spas, etc usan olores específicos para diferenciarse de su competencia y conectarse con sus clientes de manera más profunda mejorando la experiencia e influyendo en su percepción.

Un aroma adecuado y placentero asociado a una tienda aumenta hasta en un 50% la visita y la compra en 38%.

No hay nada mejor que un perfume para provocar emociones positivas y fijar en la mente un recuerdo placentero a largo plazo.