Recordar épocas pasadas sin olor es como pensar que el pasado fue en blanco y negro, como nos lo muestran las fotografías  antiguas.

Sin embargo, es la actualidad misma la que de alguna u otra manera niega los olores, viviendo una constante contradicción entre remover olores, para después poner otros de una manera controlada.    De hecho, ya que no se contaba necesariamente con una conciencia de higiene o métodos efectivos de control o remoción de olores,  el pasado debió haber sido  mucho más “oloroso” que lo que hoy vivimos.

En lo que a civilizaciones antiguas se refiere, existe una gran cantidad de información del paisaje olfativo de culturas como la egipcia, china, romana, griega, árabe, etc. Sin embargo, poco se conoce o se ha difundido de los aromas que rodeaban a los habitantes del México antiguo.  

Afortunadamente, se puede reconstruir por lo menos parte del paisaje olfativo de nuestros ancestros a través de la arqueología, la iconografía, fuentes lingüísticas e históricas.  A continuación presentamos un panorama general de los aromas principales que rodearon a las culturas de Mesoamérica, las cuales caracterizamos en 3 esferas:

Ritual:

Los pueblos antiguos brindaban ofrendas a sus dioses tanto en templos como parte de su vida doméstica diaria. Estas manifestaciones odoríferas eran muestras de sumisión, veneración y agradecimiento, así como ocasiones para pedir algo o simplemente como un alimento para los dioses.  Entre las principales experiencias encontramos:

  • Sahumerios o braseros con resinas, gomas y hierbas

donde sobresale el famoso copal, muchas veces mezclado con hule u otras hierbas y cuyos humos aromáticos representan una ofrenda de fuego a los dioses.

Brasero ceremonial – Museo de Antropología México

  • Fiestas

religiosas donde se percibía un fuerte olor a la sangre humana de los sacrificios.
Estos sacrificios estaban diseñados para que los cuerpos quedaran prácticamente vacíos del vital líquido y para que estuvieran al alcance de las multitudes.

  • Plantas y flores

que se utilizaban como adornos o bien alimentos que se ofrecían a cada dios ajustando a su gusto especial. Múltiples fueron las flores aromáticas que disfrutaban nuestros ancestros con plantas tipo rosa, azucena, jazmín, flor de mayo o lirio.

Detalle con flores: Diosa de las Flores – Xochipilli, Museo de Antropología México

Social:

Tanto los clanes dominantes como  la elite de nobles y mercaderes eran los que mayor acceso tenían a olores hermosos y delicados, representados principalmente por flores y plantas como el tabaco. Esto se ve patente en representaciones, objetos, adornos y palacios, y muy probablemente fueron parte de su higiene diaria.    Como en tantos otros pueblos, el olor era un indicador de estatus social.  Mientras que la nobleza olía bien, gente como las prostitutas y homosexuales eran seres malolientes.   Las flores representaban el carácter perfumado y fragante del aliento de dioses, reyes y nobles.   Sin embargo, el hedor era una emanación peligrosa del lugar de los muertos.

Representación Diosa de las Flores: Xochipilli

Salud:

Al igual que en otras civilizaciones, los perfumes se utilizaban para atacar las enfermedades y a los seres del mundo inferior. Este último era maloliente, putrefacto y corrompido, en tanto que el cielo era un mundo florido y perfumado.

El antiguo México debió haber sido un lugar impresionantemente rico en aromas.

Por suerte para los interesados en el tema, existen cada vez más investigaciones al respecto, como los trabajos dirigidos por la Dra. Elodie Dupey del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM en los que se basa este artículo, y que nos abrirán las puertas a una diferente manera de apreciar nuestra historia.